domingo, 23 de mayo de 2010

Para Reflexionar

Sobre diversas tradiciones
Paulo Coelho
Escritor

Sobre cómo fertilizar el campo

El maestro zen le encargó al discípulo que cuidase del campo de arroz.
El primer año, el discípulo permaneció atento para que nunca faltase el agua necesaria. El arroz creció fuerte y la cosecha fue buena.
El segundo año tuvo la idea de añadir un poco de fertilizante. El arroz creció rápido y la cosecha fue mayor.
El tercer año usó más fertilizante. Entonces la cosecha fue aún mayor; sin embargo, el arroz brotó pequeño y sin ningún brillo.
- Si continúas aumentando la cantidad de abono a tus sembríos, lo que salga el año que viene ya no tendrá ningún valor – dijo el maestro -. Fortaleces a alguien cuando lo ayudas un poco, pero lo debilitas si lo ayudas demasiado.


Saber escuchar los insultos
En el reino del Oeste vivía una reina que se llamaba Layla. Su sabiduría iluminaba la Tierra como el sol, su belleza cegaba a los hombres y su riqueza era mayor que la de cualquier otro monarca.
Cierta mañana, su principal consejero pidió una audiencia y le comentó:
- ¡Gran reina Layla! Su alteza es la más sabia, la más bella y la más rica mujer del mundo. Pero he escuchado algunas cosas que no me agradan; algunas personas se ríen o se quejan de las decisiones de la reina. ¿Por qué, a pesar de todo lo que ha hecho por sus súbditos, estos siguen sin estar contentos?
La reina sonrió y respondió:
- Fiel consejero: tú sabes todo lo que he hecho por mi reino. Siete regiones están bajo mi control y en todas ellas reina la paz y la prosperidad. En todas las ciudades, las decisiones de mi corte son justas e inspiradas.
“Yo puedo hacer casi todo lo que quiera. Puedo ordenar que se cierren las fronteras, que se tranquen las puertas del palacio o que el cofre del tesoro sea sellado por tiempo indefinido”.
“Pero existe una cosa que no puedo hacer de ningún modo: ordenar que el pueblo cierre la boca. No se trata de escuchar las falsedades que dicen ciertas personas; lo importante es hacer lo que creo verdadero”.

EL COMERCIO, domingo 11 de abril del 2010

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